Llegó
el carnaval. La calle se viste de fiesta y la vista, el oído y el cuerpo entero
se deleitan al ritmo de vivos colores, baile, música y crítica social. Los
carnavales son para desinhibirse. De hecho, aunque no en todo el mundo se
celebra antes de la cuaresma cristiana, el origen del carnaval es siempre el de
las fiestas paganas. Una festividad que se remonta a más de cinco mil años y
que se exporta de África al mundo.
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Calabar Carnival (Nigeria).- |
Han
oído bien, el carnaval tiene su origen en las fiestas paganas del antiguo
Egipto y Sumaria, desde donde serían acogidas por el Imperio romano para más
tarde expandirse por Europa y llegar hasta América de mano de los navegantes
españoles y portugueses en el siglo XV. Así es como los carnavales dan la
vuelta al mundo para volver a África cientos y cientos de años más tarde, ya no
como celebración en honor a los dioses, sino como fiesta de expresión cultural,
burla al poder establecido y también para promover el turismo.
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Carnaval de Mindelo (Cabo Verde).- |
En
las últimas décadas, varios países africanos han llevado el carnaval a sus ciudades
como medida para atraer a los turistas.
Es el caso del Calabar Carnival de
Cross River, en Nigeria, o del Carnaval de Johannesburgo, en Sudáfrica, ambos
celebrados en el mes de diciembre. También están destinados a fines turísticos el
Carnaval Internacional de Victoria, en las islas Seychelles; el Carnaval de
Kigali, en Ruanda; o los carnavales celebrados en los países donde instauraron
sus metrópolis africanas los portugueses: Guinea-Bissau, Angola, el carnaval de
Queilimane, en Mozambique o el de Mindelo, en Cabo Verde. Estos dos últimos con
un marcado toque africano que se percibe, sobre todo, a través de su música,
que es totalmente autóctona. En cualquier caso, además de para incrementar sus
ingresos, todos ellos sirven para dar a conocer las muestras culturales de
estos países mediante la artesanía y la danza de cada uno de ellos.
Sin
embargo, el carnaval volvió a África mucho antes de que ésta pudiera concebirse
como destino turístico. En Mindelo, sin ir más lejos, comenzó ya en el siglo
XVIII. Como también lo hizo en Trinidad y Tobago, cuando la isla era territorio
galo. Armados con el ritmo del calypso, los trinitarios plantaban cara a golpe
de música y baile a la opresión colonial de Francia, la esclavitud a la que les
sometían y a la represión de los religiosos que reprobaban la celebración de
esta festividad, que suponía que una vez al año, bajo la protección de una
máscara, no mandara más norma que la del todo vale.
Entonces,
cuando suponía el rechazo al orden establecido; como ahora, cuando es utilizado
para fines turísticos; los carnavales africanos sirven para hacer visible a los
que vienen de fuera del continente una identidad propia que tiene tantas caras
como máscaras hay en esta celebración. Al fin y al cabo, los disfraces de
carnaval son usados en todo el mundo para revelar una personalidad oculta, que
en África, más bien, ha sido silenciada.
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Carnaval de Trinidad/A. De Silva (REUTERS).- |
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