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domingo, 5 de julio de 2015

Cabo Verde, más de cuarenta años de Islas útero

Primero fueron esclavos, luego su opresión recibió la etiqueta de colonizados, ahora son caboverdianos y este domingo celebran cuarenta años de soberanía. El archipiélago volcánico de Cabo Verde está marcado a fuego por la lírica, en sus orígenes de leyenda y en su independencia, que mucho antes que política fue cultural y vino de la mano de una revista.


La leyenda cuenta que cuando se creó el mundo fueron arrojados diez granos de tierra que el viento se encargó de desperdigar a barlovento y sotavento. Así se dividen las diez islas que forman Cabo Verde, esos deus grazinhos de terra que narra la tradición oral que fueron a caer en el Atlántico, muy cerca del extremo más occidental de África, la península de Cabo Verde, que da nombre a este Archipiélago convertido en país desde el cinco de julio de 1975, cuando dejó de ser oficialmente colonia de Portugal. Sin embargo, cuatro décadas antes de que esto ocurriera la identidad reprimida de los caboverdianos ya había salido a la luz a través de la revista Claridade. Y lo hizo precisamente a raíz de los medios que había puesto Portugal para justificar la necesidad de establecerse en el Archipiélago.

Imagen sobre la esclavitud tomada de
profesor-daniel-alberto-chiarenza.blogspot.com.es.-
Cuando en el siglo XV los portugueses desembarcaron en la isla de Santiago lo hicieron para quedarse. Allí constituyeron la que llegó a ser la ciudad europea más longeva del Trópico, Cidade Velha. Normal, era un chollo, en las islas no había un alma y África estaba al lado repletita de esclavos que transportar hacia América. Así, el Archipiélago macaronésico se convirtió de la mano de Portugal en el lugar ideal para albergar a los esclavos africanos hasta que les llegara el turno de ser vendidos al Nuevo Mundo.

Con el paso del tiempo, el motivo de que Cabo Verde se convirtiera en una tierra desde la que partir ya no era la esclavitud. Desde que fue abolida en el siglo XIX, las generaciones nacidas de colonos y esclavos que ya en ese momento habitaban las Islas, empezó a emigrar en masa hacia América y África. Una emigración que no cesó en tanto en cuanto la sequía y la pobreza no dejaron de asolar a los caboverdianos.

Mientras tanto, la Metrópolis tenía que justificar de cara al sistema internacional la propiedad de unas tierras que estaban a miles de kilómetros de su nación. Por ello hizo de Cabo Verde baluarte de la necesidad civilizadora de los territorios colonizados bajo su bandera. Por ello, ya en 1842 instalaron la primera imprenta en este territorio, para la edición del Boletín Oficial, eso sí, pero que trajo consigo una creciente incitación a la lectura. Además crearon un centro de enseñanza, el Seminario-Liceo de San Nicolau, y hasta una biblioteca en Praia, que hasta bien avanzado el siglo XIX sería la única de toda el África portuguesa. Todo ello fue el caldo de cultivo de los impulsores de la cultura caboverdiana, una rica fuente de creación como vía de escape que, si bien tiene en la música su arrorró, es en la literatura donde reside su despertar. 

Baltazar Lopes, en el extremo de la derecha, y Jorge Barbosa, sentado al medio /
Foto tomada de http://amnhoroque.blogspot.com.es/
Obra del pintor caboverdiano Kiki Lima.-
Como si fueran luciérnagas en la oscuridad, Jorge Barbosa y Baltazar Lopes se pusieron al frente de Claridade. Junto a otros muchos escritores, este proyecto literario que publicaba periódicamente prosa de ficción, sacó a la luz una realidad en la que se reconoció todo caboverdiano, marcada por tres ejes que son un todo: mestizaje, el contraste y la añoranza.  Una mezcla presente de raíz, por sus orígenes fruto de oprimidos y opresores, por las fuentes culturales europeas, africanas y americanas de las que a lo largo de su historia han bebido; y sobre todo por el sentimiento de sodade, esa suspiro que surge tanto al marchar de la tierra natal como al quedarse y soñar con progresar. Por eso, Cabo Verde son islas útero, porque su seña de identidad es el sentir que no hay nada como el calor del hogar y al mismo tiempo desear salir a lo que debería ser la vida. Una mescolanza de contrastes que en el caboverdiano cobra su propia armonía.

La caboverdiana Cesária Évora, madre de la Morna, 
canta a la 'Sodade' en su álbum Miss Perfumade (1992).-

lunes, 26 de enero de 2015

Las chicas son guerreras

Cuando se habla de grupos de mujeres guerreras se hace referencia a las amazonas de la mitología griega; o a las crónicas en las que los colonizadores de América del Sur describen las historias que han oído sobre unas peligrosas indígenas que viven sin hombres. En menor medida, también son conocidas las Onna bugeisha, mujeres samuráis que protegían sus aldeas cuando los hombres marchaban a la guerra. Y recientemente se ha publicado un estudio arqueológico que argumenta que en las invasiones vikingas también participaron mujeres. Sin embargo, el único ejemplo fehacientemente documentado de un ejército compuesto sólo por mujeres está en África. Son las amazonas del Reino de Dahomey.  


Las amazonas del Reino de Dahomey /Wikimedia Commons.-

República de Benín en el mapa / Foto
extraída de juventudrebelde.cu
Se conoce a las amazonas como un grupo de mujeres guerreras que defienden su territorio. Las descripciones que de ellas se han hecho las definen como independientes, protectoras, despiadadas y peligrosas. Así eran las mujeres del ejército del Reino de Dahomey, que estaba situado en la costa de lo que hoy es la República de Benín.

La historia de este antiguo Estado africano va desde el siglo XV hasta finales del XIX, un tiempo en el que fue capaz de distinguirse por ser un exitoso centro de trata de esclavos; por la omnipotencia de su monarca; y por su avanzada estructura institucional, con sistema de impuestos y ministros que debían ser consultados pese al absolutismo de su rey. En cualquier caso, nada de esto se puede comparar con la que era su mayor distinción: Sus amazonas.

Originariamente en este reino existía un grupo al que se le daba increíblemente bien la caza de elefantes. Eran mujeres. Su habilidad para dar muerte a este animal hizo que el tercer monarca del reino, Aho Houegbadja, se fijara en ellas y las nombrara cuerpo de defensa de la Corona. Con el tiempo su destreza física, su disciplina y su crueldad en la lucha las llevaron a convertirse en una auténtica tropa militar compuesta por alrededor de 5.000 mujeres. Era el ejército de las amazonas del Reino de Dahomey, cuyos soberanos utilizaron especialmente para expandir sus dominios.

Amazona de la monarquía del rey Behanzin (1889-1894) / 
Fotografía extraída de la casadelmundo.com

Cada vez que volvían de una batalla, las mujeres guerreras de Dahomey exhibían las cabezas que habían cortado en sus conquistas. Una acción que para los habitantes de esta región no suponía ninguna salvajada, de hecho no era nada del otro mundo en el sentido mismo de que en su universo, en su sistema de creencias, la vida y la muerte estaban tan unidas que los sacrificios humanos eran una festividad anual

Chica Dahomey / Fotografía de Irving Penn (1967).-
Pero la situación de invasión se dio la vuelta para este reino y cuando los franceses llegaron para conquistar Dahomey se toparon de frente con las sanguinarias guerreras, a las que no pudieron derrotar. Al menos no a la primera, porque finalmente emplearon las tropas de la Legión extranjera y contra ellas no pudieron ni las amazonas, ni el resto de cuerpos militares que empleó este Estado.

El Reino de Dahomey desapareció y su territorio fue suplantado por la bandera francesa. Excepto en lo que respecta a su insustituible ejército de mujeres.

martes, 30 de septiembre de 2014

Los conflictos silenciosos

Para Malaui es el Lago Malaui, para los tanzanos es el lago Nyassa y en lengua inglesa se le conoce como el ‘lago Livingstone’, por ser este explorador el primer europeo que lo conoció. Estas son las nacionalidades implicadas en un conflicto territorial que después de medio siglo parece comenzar a solucionarse.


Tres países rodean el lago Malaui-Nyassa, pero sólo dos se encuentran divididos en una disputa por él. Desde que en la década de los sesenta se declararan estados independientes, Tanzania y Malaui se encuentran inmersos en una contienda por determinar a quién pertenece el tercer lago más grande de África. La orilla mozambiqueña también delimita con sus aguas, pero Mozambique ha actuado como el tercero en una discordia en la que sólo ha participado como mediador entre unas partes con ninguna voluntad de ceder en la negociación. Hasta ahora.

El Gobierno malauí ha anunciado que ya se están llevando a cabo conversaciones diplomáticas ante la “importancia de llegar un acuerdo”. Una importancia que no tiene tanto que ver con esta fuente de agua dulce, sino con el posible oro negro que alberga. Y es que Malaui, con la mayor proporción de costa sobre el lago, abrió la veda a las exploraciones de petróleo desde que en 2012 concediera la licencia a la compañía británica Surestream Petroleum. Para proceder a la prospección, Tanzania ha exigido que se llegue a un acuerdo sobre los límites del Malaui-Nyassa, cuya frontera este país sitúa en la mitad de la masa de agua, acogiéndose al derecho consuetudinario internacional. Y a la vista de la nueva voluntad de diálogo, parece que ha funcionado.

Y esa es la importancia de llegar a un acuerdo. No tiene importancia que más de dos millones de habitantes de dos Estados con altos índices de pobreza subsistan de la pesca de este lago; ni que se estime que alberga más especies endémicas de peces que ningún otro lago del mundo; ni siquiera importa que sea Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO. 

Pescador en el lago Malaui-Nyassa / FOTOGRAFÍA
TOMADA DE ipsnoticias.net
Cuando Tanzania y Malaui se independizaron y dejaron de ser colonias europeas, ni uno ni otro recuperaron la organización territorial que tenían antes de la ocupación. Un germen de conflictos que se ha extendido por gran parte de África y del que estos países no son excepción. La diferencia es que en el caso del Malaui-Nyassa no se han producido matanzas ni se han puesto en peligro intereses internacionales. Es un conflicto territorial silencioso por el que el negocio del petróleo ha podido entrar sin hacer ruido.

martes, 22 de abril de 2014

Los traficantes de lenguas

Se dice que leer en condiciones no adecuadas puede acarrear daños a la vista. Sin embargo, hay una literatura que puede ayudar al lector a enfocar mejor lo que lee y sin necesidad de usar lentes. Hablamos de obras literarias que versan sobre territorios que son lejanos para quien las lee y que, habitualmente, han sido descritas por personas que no han sabido observarlos con otra mirada que no sea la de un extranjero. Pero cuando el escritor ha crecido en el entorno que plasma en su novela y ésta cae en nuestras manos es como si esta persona nos prestara sus gafas y pudiéramos ver el mundo como él lo ve. Entonces descubrimos realidades desconocidas, o lo que es mejor, podemos ver con otros ojos escenarios que creíamos conocer. En el caso africano, para que esto ocurra tenemos que ser cómplices de un robo porque precisaremos de los passeurs du langues, o para que todos lo entiendan: Los traficantes de lenguas.

Para explicar en qué consisten los servicios de estos traficantes de lenguas usaremos una expresión de la lengua africana Tsonga, que dice: Karingana wa karingana. Se traduce como ‘érase una vez’, pero para que aquellos que no conozcan este idioma pudieran saber su significado sería necesaria la ayuda de los passeurs du langues. Esto es sólo una pista, para comprenderlo bien tenemos que conocer su historia.

A.Cesaire.-
Karingana wa karingana (recuerden: Érase una vez) un antillano llamado Aimé Cesaire. En 1935 este hombre acuñó el término ‘negritud’, con el que quería reivindicar la identidad negra frente a la visión que habían impuesto las potencias que habían colonizado los territorios donde habitaban los negros. Una visión que servía, además, para justificar la dominación de los colonos, ya que hacía entender que el negro sin el blanco no tenía más papel que el de salvaje. Con Cesaire y su negritud surge un movimiento de exaltación de los pueblos negros cuando aún ni se planteaba la independencia de las colonias. Era una lucha que creía en el poder de la palabra y se servía de revistas y libros para expresar no sólo como se sentían los negros, sino el ser negro, lo que los define expresado por ellos mismos. En ese momento había otros intelectuales negros, pero en su mayoría eran asimilados, es decir, eran personas influenciadas por una formación inculcada por las metrópolis que se basaba en que el ritmo de lo contemporáneo era el que marcaba Occidente y su presente; por lo que ellos también reproducían el canon occidental para observar la realidad. Frente a esta literatura alienada, surge la negritud como un movimiento literario que va a dar voz a los negros para revelar su mundo escuchando su perspectiva de la historia.

La exaltación de la negritud ya no arde como antes y hoy en día los países africanos ya no están sometidos a Occidente, al menos teóricamente. No obstante, la literatura sigue siendo un arma ideal para acabar con un frente que sí sigue presente en África: la perspectiva externa para describir el interior del continente. Es entonces cuando las cenizas de la negritud se plasman en un debate actual sobre la literatura escrita por africanos. Por un lado, están los que consideran que es tan importante la forma como el contenido y, por ello, rechazan difundir su mensaje si no es en su idioma tradicional. Por otro lado, aquellos que dan prioridad a que la realidad africana contada por africanos llegue a la mayor cantidad de personas posibles, lo que les obliga a adoptar la lengua del antiguo colonizador para dar el salto al resto del mundo. A este bando pertenecen los passeurs du langues, un término literario que se refiere a la acción de decir con la lengua impuesta lo que la lengua africana querría expresar;lo que conlleva, a su vez e inevitablemente, a obligar al extranjero a entender.



 


lunes, 4 de noviembre de 2013

La leyenda de las minas del rey Salomón en África

Al sur del continente africano, entre los ríos  Zambeze y Limpopo, un valle esconde el mayor yacimiento arqueológico del África Subsahariana. Tal es su grandeza, que la ciudad que albergaba esta fortificación en los siglos XII y XVII da nombre hoy a un país entero. Es la fortaleza del Gran Zimbabwe, una construcción tan impresionante que cuando fue descubierta, los colonos prefirieron creer que se trataba de las minas del rey Salomón antes que admitir que los nativos la habían construido.


Con su alto torreón cónico, sus largos y curvados muros de piedra y sus artefactos cosmopolitas, Gran Zimbabwe atestigua la existencia de una próspera ciudad que, en su apogeo, acogía nada menos que a unos 18.000 habitantes y que se cree debió dominar el comercio y la cultura del África meridional. Esta construcción tallada con piedra forma una fortificación que protege una gran torre que, según los expertos, corresponde a un templo elíptico que conecta con un cementerio al que se accede a través de un pasadizo fortificado con numerosas cuevas. Pero más impresionante que la complicada construcción que forman estos elementos es el hecho de que, si alguien habla en el interior de las cuevas de la necrópolis, puede ser oído en el templo, situado a nada menos que cien metros de ésta.


No pocos son los misterios que encierra la fortaleza de Zimbabwe. Cuando los exploradores portugueses recorrían el interior de África para establecer allí las colonias e imponer su civismo frente al salvajismo negro, se dieron de bruces con las enormes dimensiones de esta fortaleza tallada enteramente en piedra. Reconocer que una construcción tan impresionante era obra de salvajes derribaba su argumento civilizador. Por ello recurrieron a la Biblia y se convencieron de que aquella extraordinaria fortaleza tenía que esconder las famosas minas del rey Salomón. Y de hecho, no fueron pocos los europeos que creyeron  que el Gran Zimbabwe no podía ser otra cosa que la desconocida y soñada tierra de Ofir, donde el monarca de la Biblia iba a buscar su oro y piedras preciosas.

Imágenes tomadas de megaconstrucciones.net
En la actualidad, las investigaciones arqueológicas coinciden en que lo más probable es que la historia de esta gran ciudad sea la de la cultura de los primeros shona africanos y de la Edad del Hierro del continente. Algo que los colonos del territorio, por aquel entonces denominado Rhodesia del Sur, se negaban a creer, convencidos de que una obra de tal envergadura no podía haber sido construida por nativos negros. Y precisamente, de esta negación nació la reivindicación que impulsó el movimiento independentista, para el que el Gran Zimbabwe era la prueba fehaciente de que la raza negra no era tan débil como aquellos blancos pretendían hacerles creer. Así, esta antigua construcción sirvió de aliciente para la creación de un nuevo Estado independiente, que ya no se llamaría Rhodesia, sino que a partir de 1980 sería rebautizado con el nombre de Zimbabwe en honor a la fortaleza que les representa.

martes, 29 de octubre de 2013

El origen africano del cubismo

El cubismo llegó al arte para revolucionarlo. Rompiendo con las disciplinas tradicionales ancladas en convenciones artísticas ya demasiado instauradas y explotadas, este movimiento fundamentalmente pictórico abrió las puertas de par en par a las vanguardias del siglo XX. Si hay un representante por excelencia del cubismo ese es Pablo Picasso. El artista de Málaga a través de su obra Las señoritas de Avignon da pie a un nuevo punto de partida en el arte europeo. Puede ser que no les esté contando nada nuevo hasta ahora, pero lo que no todos saben es que para terminar este cuadro que postergaría a Picasso como uno de los creadores del movimiento cubista, el pintor español se inspiró en el arte africano.

Seguro que todos conocen a Las señoritas de Avignon. Es ese óleo pintado por Picasso en el que aparecen cinco mujeres desnudas, ya dibujadas con las formas marcadas por líneas claro-oscuras que a partir de entonces estarían presentes en sus creaciones. En este cuadro, el pintos abandona el realismo y el ideal del cuerpo femenino instaurado hasta el momento, y reduce la obra a un conjunto de planos angulares que suponen el comienzo del cubismo. Su paleta de azules y tonos ocres y rojizos característicos de su época rosa, no son suficientes para frenar una crudeza que ya se apoderaría para siempre de su trabajo.

Las señoritas de Avignon, Picasso(1907).-

 Aunque comenzó esta pintura en el año 1906, no fue hasta mediados de 1907 que inició el lienzo definitivo. Muchas modificaciones vio la obra en este tiempo, hasta que el artista español visitó el Museo de Etnografía del Palacio del Trocaderode París. Por aquel entonces, Francia estaba inmersa en la colonización de territorios africanos y para hacer apología de su causa decidió llevar a la metrópolis las piezas de artesanía encontradas en el continente negro. Véase aquí la diferencia entre artesanía y arte. Las esculturas africanas que los franceses mostraron en el Museo etnográfico eran el argumento en el que éstos pretendían apoyarse para defender la necesidad de civilizar a los salvajes de África. Aquello no se regía por los cánones estéticos de belleza establecidos por Occidente, era un material que demostraba el bajo nivel de la cultura africana, lo que daba potestad, a su vez, a la colonización. Sin embargo, Picasso no puedo evitar embriagarse del arte africano e hizo de él su fuente de inspiración.
Pintura Cabeza de mujer, de Picasso (a la izquierda).
Máscara Fang (a la derecha)
El descubrimiento del arte 'no-occidental' dio un nuevo empuje a Las señoritas de Avignon, modificando el rostro de algunas de las mujeres, justo las que tienen aspecto más cubista, y plasmando su cara con forma de máscara. Eran las máscaras de la cultura de la etnia africana de los Fang que el pintor había visto en el museo. Una vinculación con el arte negro que el malagueño siempre negó, pero que se puede apreciar también en el rostro de la figura de la izquierda, cuyo perfil recuerda a las pinturas egipcias. Con estas señoritas nació el periodo protocubista, también conocido como periodo africano o periodo negro, que dio paso al inicio del cubismo.
Tal era la novedad que contenía esta obra, que Picasso no se atrevió a exponerla hasta pasados nueve años desde su creación. Suponía el fin de lo establecido y el comienzo del arte moderno. Una nueva manera de mirar que finalmente vio la luz. Aunque este movimiento marcó un punto de inflexión con el arte, una ruptura con la concepción de belleza establecida, cuestionar el salvajismo de África a comienzos del siglo XX era una revolución que aún no estaba lista para desatarse. Al fin y al cabo, una cosa es aceptar que otra forma de belleza puede cautivar al mundo y otra, admitir que los cautivos llevaron a Europa la bocanada de aire fresco que su arte extasiado ansiaba.

*Puedes escuchar esta crónica en el último programa de 'Ahora África', emitido por Radiotelevisión Canaria: http://www2.rtvc.es/ProgramacionFVA/8148_AHORA%20AFRICA%20261013.mp3